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¿Ocioso o Haragán?®

Por: Emilio Santamaría S.

19 de Julio de 2014


            Un 24 de Diciembre en 1848, Abraham Lincoln escribió una carta a su hermanastro John D. Johnston negándole un préstamo de ochenta dólares. Las razones que expuso son tan convincentes que todo el que quiera tener prosperidad puede aprender de ellas.

            En aquellos años ochenta dólares eran sin duda una cantidad apreciable. Incluso el hermanastro de Lincoln le ofrecía sus tierras en garantía, y le aseguraba necesitarlos angustiosamente. ¿Por qué entonces un hombre tan sensible a los problemas de los demás se negaba a prestar ayuda a alguien ligado con él por lazos de sangre?  Sencillamente porque quería ayudarlo  y no perjudicarlo.

            Permítame explicarle. Lincoln inició su carta diciendo: “No me parece oportuno acceder a tu ruego de  préstamo por ochenta dólares”, y continuó: “En cada ocasión en que te he mandado algún socorro en metálico, has dicho lo mismo: Ahora saldré de apuros de una vez por todas. Y al poco tiempo estás de nuevo con tus deudas hasta el cuello”.

            Según parece el problema era reiterativo, y Lincoln tratando de ayudarlo, buscó la causa: “Es evidente que ello se debe a algún defecto de tu carácter. No eres perezoso, y, sin embargo eres un ocioso empecatado. Me atrevería a asegurar que desde la última vez que te vi no has trabajado un día entero. En esa tu deplorable costumbre de perder lastimosamente el tiempo se cifra la causa de todos tus tropiezos.”

            Y ese mal que aquejaba al hermanastro de Lincoln, sigue aquejando a miles de personas actualmente. Dejan pasar el tiempo como si fueran a ser eternos en esta vida. Les da lo mismo hacer las cosas hoy, que hacerlas mañana. Y no es que sean haraganas, son simplemente ociosas. Pero el resultado es el mismo, la prosperidad parece siempre fuera de su alcance.

            He dictado literalmente cientos de veces una charla titulada “Siete Pasos para Construir Hacia la Excelencia”. Y el tercero de ellos es “Consiga el hábito de la acción”. Y les pido pensar “procederé de inmediato”. Al sustituir el hábito de la ociosidad por el hábito de la acción, según escribió Lincoln a su hermanastro: “verás que te ha de valer más que ocho veces los ochenta dólares que me pides”.  

Lo Negativo:

Caer indolentemente en la ociosidad y  perder el tiempo.

Lo Positivo:

Desarrollar el hábito de la acción, y encontrarnos así con la abundancia.

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