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¿Valora usted la amistad?®

Por Emilio Santamaría S.
26 de Julio de 2014 


            Allá por el año 1885 ocurrió en la cárcel de Exeter, en Inglaterra, algo muy especial. Un condenado a muerte se salvó de ser ajusticiado debido a que el cadalso, recientemente construido para que fuera ahorcado, falló tres veces consecutivas. El frustrado verdugo no comprendió nunca por qué aquel 23 de febrero, la trampa bajo los pies de John Lee se negó a abrirse, no una, ¡sino tres veces!.

            Cada vez que Lee, de 19 años, era reintegrado a su celda, los mecánicos inspeccionaban la trampa. El ejecutor accionaba la palanca, y sin Lee sobre el patíbulo, el mecanismo funcionaba perfectamente. Sin embargo en cuanto se reanudaba la fatídica ceremonia, con el joven de pie sobre la trampa, la soga rodeando su cuello y el capellán de pié junto a él, el mecanismo se negaba a funcionar.

            A Lee se le conmutó la pena de muerte por la de cadena perpetua. Logró después su libertad en una amnistía y emigró a América, donde murió de viejo, después de una vida honorable y productiva.

            ¿Qué ocurrió aquel 23 de febrero de 1985? ¿Por qué la trampa del cadalso se negó a abrirse en el momento en que John Lee sería ajusticiado?  Lo sabemos porque fue revelado por otro recluso, años más tarde.

            La asombrosa buena suerte de Lee tuvo su origen en la amistad que lo unió con los reclusos que construyeron el cadalso. Clavaron a propósito una tabla torcida debajo de la tarima. Esta tabla estaba colocada en el sitio donde debía hallarse el capellán mientras el prisionero subía al patíbulo. El peso del capellán presionaba la tabla, de tal manera que su extremo inmovilizaba el mecanismo de la trampa e impedía que ésta se abriera.

            Los mecánicos que, cada vez que Lee se salvaba, probaban la trampa sin el peso del capellán, quien también descendía con el prisionero, encontraban que funcionaba bien. Y quedaban perplejos por el “milagro” cuando la ejecución se intentaba de nuevo.

            Sin lugar a dudas, John Lee tuvo suficientes razones para apreciar en alto grado el valor de la amistad. Literalmente le salvó la vida. Y le dio una nueva oportunidad.

            ¿Valora usted la amistad? Para hacerlo, debe comprender que para que funcione bien, debe ser recíproca. Y que está a prueba en los momentos más difíciles de la vida. . 

          

LO NEGATIVO:
Pasar la vida sin darle valor a la amistad.
LO POSITIVO:
Entender el enorme valor que hay en la amistad sincera. 



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